El Diario La Nación se parece cada vez más a un versión impresa de la franja electoral de Eduardo Frei. La falta de ética y de rigor periodístico de este medio del Estado, atentan en contra de su credibilidad y empobrecen el debate público, justamente cuando el país más lo necesita.
Las primeras 20 páginas de la Nación Domingo del 22 de noviembre, son un incitación explícita al continuismo político. En esas páginas, se refuerzan los mensajes electorales de Frei, se legitima la alianza entre el oficialismo y el Juntos Podemos y se intenta destruir la imagen de los candidatos enemigos: Piñera y Enríquez- Ominami, aunque últimamente, es el diputado independiente el blanco predilecto de las críticas.
Lo que ha publicado La Nación el pasado domingo, en plena campaña electoral, es tan poco ético y riguroso que ya no puede llamarse periodismo, salvo que aceptemos como periodismo lo que hacen El Mercurio o La Tercera cuando defienden los intereses políticos de la derecha. Pero las prácticas periodísticas de esos medios no pueden validar lo que está haciendo La Nación, un diario del Estado, que bajo ningún concepto puede restringir, aún más, la falta de libertad de expresión de los ciudadanos, en un país donde la libertad de expresión es un bien escaso.
El día 22, La Nación publicó “A la caza del voto militar” un reportaje cuyo objetivo principal es asociar a Piñera con el Ejército y restarle votos. Pero además de eso, dedicó dos páginas a Pancho Reyes, rostro de la campaña oficialista y otras dos a José Miguel Insulza. A esto se suma que en la misma edición se articula una cerrada defensa de los avances del gobierno en materia de protección de la infancia. Un reportaje comenta el aumento de las salas cunas y las nuevas oportunidades para las madres solteras. Y apenas dos páginas más adelante, quienes escriben columnas de opinión son Estela Ortiz, Vicepresidenta de la JUNJI y Paula Quintana, Ministra de Planificación, las que obviamente reafirman las virtudes de las políticas gubernamentales en estas materias. Las dos autoridades conmemoran los 20 años que cumple la Convención sobre los derechos del niño de Naciones Unidas, pero al momento de hacer el balance, ninguna de las dos se acuerda de los maltratos que sufren los niños mapuches en la Araucanía, maltratos que preocupan precisamente al Fondo de Naciones Unidas para la infancia, UNICEF.
Repintando el arcoíris
En éste reportaje la periodista Marcela Jiménez explica que se ha instalado y consagrado en Chile “una lógica de refundación del progresismo” y reseña un largo proceso de acercamiento entre la Concertación y el PC, que permitiría “repintar el arcoíris”. Escalona, por su parte “destaca que la relación política establecida con el PC, es sin precedentes” y el comunista Juan Andrés Lagos, jefe de la campaña de Arrate, concuerda en “que se están generando condiciones muy auspiciosas”. En pocas palabras, se puede concluir del texto, que el PC ya es parte de la Concertación o que lo será muy pronto.
“Nos vamos a matricular por Arrate en primera vuelta”
La entrevista, titulada: “Nos vamos a matricular por Arrate en primera vuelta” (este es el llamado que hace Cárdenas desde el comando de Marco), es con toda seguridad el texto periodístico menos ético y más proselitista de toda la edición, no sólo por que difunde la hipótesis de un supuesto quiebre al interior del comando, sino por la historia de la noticia.
Para entender la situación hay que remontarse al domingo antepasado, día 15 de noviembre. Ese día, La Nación publicó el reportaje “El poder del Marriott ” donde la misma periodista Marcela Jiménez informaba ya respecto de un supuesto quiebre al interior del comando de M. E-O, basándose en una entrevista al mismo Marco Cárdenas. En ese reportaje, que explicaba que Enríquez y Marambio habían detonado la crisis por sus actitudes autoritarias, se quería hacer pensar a la ciudadanía que Cárdenas era la cara visible de todo un sector disidente que se había formado al interior de la llamada Coordinadora Socialista por Marco. Pero la periodista nunca entregó los nombres de los demás disidentes y quiso probar su tesis de quiebre sólo con frases impersonales y fuentes no confirmadas.
En el texto se dice que: “desde la coordinadora critican la forma de hacer política de MEO”; se habla de que “algunos socialistas”, estarían molestos; pero sin identificarlos. Se escribe que “hay preocupación”, pero sin especificar quien está preocupado. Y majaderamente Jiménez usa, una y otra vez, frases como: “cuentan que…” o “aseguran que…” Y cada vez que lo hace, es para lanzar duros cuestionamientos al diputado y a sus colaboradores más cercanos, a quienes califica como “el círculo de hierro”. La única vez en que la periodista identifica a un segundo disidente, dice que Cárdenas habría asumido la vocería de la disidencia en conjunto con “Roberto Avila”.
Sin embargo, lo más grave no es la falta de rigor del reportaje publicado el domingo 15, sino que la insistencia en dar tribuna a Cárdenas este domingo 22, a pesar de que el mismo día, el 22, La Nación publicó una carta de Roberto Avila, donde éste desmiente que forme parte de la llamada disidencia. Avila es enfático: “En lo que a mi persona respecta, hacerme aparecer asumiendo vocerías de una disidencia interna en la campaña del diputado Enríquez-Ominami no corresponde a la realidad”. Y luego remata: “la imaginación puede llegar a ser un gran talento, pero en la literatura, no en el periodismo”.
Ante una carta razonable y mesurada como ésta, La Nación responde con arrogancia. Cito textual la respuesta del medio a Avila: “no fuimos nosotros los que lo identificamos con la disidencia interna del comando de MEO, sino su correligionario en el PS, Márcos Cárdenas, integrante del comité estratégico de dicha candidatura. Eso es periodismo, no literatura”
Naturalmente, la dinámica periodística impide a veces corroborar todas las informaciones, pero tratándose de un tema político relevante, la autora del reportaje debió corroborar los dichos de Cárdenas consultando a varias fuentes. Pero, ante cualquier imposibilidad de hacerlo, una periodista mínimamente profesional debió haber contactado al menos a Avila, quien se suponía era, nada más y nada menos, que el otro vocero de los disidentes.
Ante todo esto, el afectado y el comando de M.E-O merecía una disculpa. Pero La Nación no sólo no se disculpa, sino que además vuelve a publicar una entrevista a Cárdenas este domingo y vuelve a legitimar la tesis de la disidencia, basándose otra vez, en el testimonio de Cárdenas como única fuente de información. En la entrevista “Nos vamos a matricular por Arrate en primera vuelta”, Cárdenas ataca nuevamente a Enríquez-Ominami. Lo acusa principalmente de no acoger el llamado de Arrate para impedir que la derecha gane y de querer destruir a la Concertación sólo para potenciar una candidatura presidencial, el año 2014.
El desmentido de la Coordinadora de Socialistas por Marco
El lunes 23, la Coordinadora de Socialistas por Marco reaccionó y denunció públicamente el montaje de la Nación. En la breve nota que publica “El mostrador” sobre el asunto, Lincoyan Zepeda señala: “lo hecho por la Nación Domingo es desmedido, porque la periodista que hizo el reportaje habló con nosotros y conoce perfectamente nuestra posición y sabe que no hay divisiones dentro de la coordinación. Han inventado a un personaje para hablar por los medios.” Los Socialistas por Marco también señalaron que “detrás de esto, está una operación del comando de Frei para intentar traspasar votación de socialistas a la candidatura de Arrate, y por esa vía tratar de impedir que sea Marco Enríquez-Ominami quien pase a segunda vuelta”.
El martes 24, La Nación informó respecto del desmentido de la Coordinadora, pero no reparó el daño causado a su propia credibilidad. La nota del medio es tendenciosa desde su mismo titular que dice: “Comando de MEO ataca a disidente Marco Cárdenas”. Y además, debajo de esta nota, La Nación publica otra nota, de la misma extensión titulada “Contraataque”, donde se le vuelve a ceder la palabra a Cárdenas y donde éste carga nuevamente en contra de Max Marambio “por tener cautivo al resto del comando y no dejarlos expresar sus opiniones políticas”.
El plan Arrate
En la editorial se dice: “El desafío que lanzó el candidato presidencial del Juntos Podemos…catalizó ideas que estaban en el ambiente desde hace meses. Uno de los últimos en expresar este sentimiento de unidad…fue el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza….Insulza imaginó un gabinete conformado por ministros comunistas y disidentes de la Concertación, como Carlos Ominami”.
Pero esta misma idea, la de incorporar a ministros comunistas a un eventual gabinete de Frei, ya había sido insinuada por Víctor Barrueto, ex presidente del PPD, en la misma Nación Domingo, el 14 de noviembre, un día antes del debate presidencial en dónde Jorge Arrate lanzó su mesiánico llamado a la unidad. Ese día Barrueto publicó una columna cuyo título era “Una nueva mayoría para los cambios”.
Barrueto escribe: “Para ganar en la segunda vuelta, habrá que promover la conformación de una coalición de gobierno más amplia o hacer un pacto entre la Concertación y los otros actores en torno al programa y su participación en el gobierno a través de determinados ministerios”. Y en otro momento agrega que la diversidad se debe expresar en la mencionada nueva mayoría, porque “lo que está claro, es que no se puede volver atrás con la reedición de los tres tercios”.
Considerando todo lo anterior, parece claro que antes de la propuesta de Arrate hubo una negociación entre el Juntos Podemos y la Concertación donde tal vez la transacción haya sido: un apoyo decidido a Frei en primera y segunda vuelta, a cambio de un ministerio y de otras prerrogativas de quienes pertenecen al arcoíris. A la luz de esta hipótesis, el verdadero objetivo de esta propuesta, no sería impedir que Piñera gane en segunda vuelta, sino impedir que Ominami gane en primera, y evitar, al mismo tiempo, un acercamiento entre el Juntos Podemos y M.E-O, lo que podría haber generado un nuevo referente de izquierda, representativo de un tercio de los electores.
El momento en que Arrate lanzó su mensaje es una de las claves del asunto. Porque si Arrate sólo hubiese querido asegurar el pacto Anti-Piñera, bien podría haber esperado hasta el 13 de diciembre, lo que incluso habría sido más potente mediáticamente.
Pero Arrate y sus aliados lanzaron esta propuesta ahora, antes de la primera vuelta, precisamente para neutralizar el principal mensaje político de M. E-O en su recta final de campaña. Y este mensaje, simple y muy efectivo, apelaba y sigue apelando a la competitividad de Marco en segunda vuelta, porque tal y como señalan todas las encuestas, el que tiene mayores posibilidades de derrotar a Piñera en ese escenario es M.E-O y no Eduardo Frei.
Este mensaje político, era y es demasiado seductor para los votantes progresistas, porque, como están las cosas, votar por Frei podría significar votar por Piñera, dado que las posibilidades de que Frei derrote a Piñera en segunda vuelta se ven cada vez más difíciles. De hecho, poco antes del debate, un periodista tan prestigioso como Tomás Mosciatti, advertía en CNN, que los votantes de la Concertación se enfrentaban al dilema de tener que votar pro Frei en primera vuelta sabiendo “que esto podría significar la pérdida de la batalla final”, la segunda vuelta.
El oficialismo tenía entonces la necesidad urgente de desbaratar el mensaje político principal de M.E-O, y es muy probable, que esta problemática y no otra, explique lo que ya podría llamarse “el plan Arrate”.
No cabe duda que “el plan Arrate” tuvo desde el comienzo una doble ventaja. La primera, es que el llamado a la unidad en contra de Piñera, tranquiliza a los votantes progresistas. Porque ahora, después del llamado a la unidad del abanderado, el mundo progresista tiene la oportunidad de luchar unido en contra de Piñera, y eso, desde la perspectiva del elector, podría bastar para vencerlo. La otra gran ventaja del “plan Arrate” es que la Concertación y el Juntos Podemos sabían muy bien, que Marco no se sumaría fácilmente a este “generoso” llamado a la unidad de los demócratas, y que esto abriría un excelente flanco para atacar al diputado.
No hay que ser analista político para entender que lo que hizo Arrate en el último debate fue facilitar el triunfo de Frei en primera vuelta. Porque además de ayudar a disipar legítimos temores respecto de la competitividad de Frei, el candidato presidencial y dirigentes de su comando, iniciaron desde ese mismo día una ofensiva comunicacional en contra de Marco que ya ha llenado varias páginas de La Nación.
Sobre este tema, se ha pronunciado el cientista político y académico de la Universidad de Chile Guillermo Holzmann, en un artículo publicado por “El periodista” el 20 de noviembre. En ese medio, Holzmann señala: “el ataque de Arrate a M.E-O es una fórmula que se focaliza en ganar votos, a sabiendas que Arrate no pasa, pero negocia en segunda vuelta votos, y puestos de gobiernos, que no podría hacer con ME-O y eso amerita neutralizarlo. Arrate es el socio ‘oculto’ de Frei”.
Por lo mismo, dentro de las primeras 20 páginas de la Nación Domingo, del día 22, también hubo espacio para difundir las críticas que se están lanzando al diputado independiente desde el comando de Arrate. En una entrevista al jefe de campaña de Arrate, el comunista Juan Andrés Lagos, este defendió las virtudes del pacto propuesto por Arrate y evidenció que M.E-O no ha respondido positivamente al llamado, con lo cual estaría fortaleciendo la posibilidad de que Piñera sea electo. Pero además, Lagos atacó sistemáticamente al presidenciable, diciendo que no era “progresista”, que estaba mostrando “pequeñez” y “contradicción política” y que sus declaraciones eran “caricaturescas”.
Pero más allá de las respuestas de Lagos, el problema de la entrevista es que se pone al servicio de la línea editorial del medio, excluyendo cualquier pregunta que cuestione al entrevistado o la oportunidad del llamado de Arrate. Por ejemplo, nada se le pregunta a Lagos respecto de las luchas internas al interior de su propio comando, las que han sido documentadas por los periodistas Pedro Ramírez y Bastián Fernández, de CIPER, un centro de investigación periodística prestigioso, donde trabaja, por ejemplo, Cristóbal Peña, ganador del premio de la Fundación Nuevo Periodismo del año 2008. Según el reportaje publicado en CIPER, bajo el título “Los problemas de Arrate: 250 millones y un comando bicéfalo”, en el comando de Arrate existen fuertes tenciones
entre dos grupos.
Por una parte, estarían los comunistas, encabezados precisamente por Juan Andrés Lagos, quienes privilegiarían “la campaña parlamentaria de su partido y el entendimiento con la Concertación”. Por eso, dicen los autores de la investigación “todas las señales que envían los comunistas apuntan a garantizarle a Frei que no serán los votos de izquierda los que pongan en riesgo su paso a segunda vuelta y que en enero votarán por él”. El otro sector, liderado por Esteban Silva agruparía a una serie de pequeños grupos que buscan acumular fuerzas en esta elección para un nuevo referente de izquierda. “Muchos de nosotros venimos saliendo de la Concertación y sentimos que el PC nos lleva de vuelta”, señala en el reportaje uno de los dirigentes del comando.
Como se ve, a la Nación le interesa más difundir un quiebre inexistente en un comando enemigo, que informar sobre las tensiones al interior de un comando aliado. Ante un quehacer informativo como éste, que abraza la propaganda política y olvida la responsabilidad social del periodismo como institución democrática, el comando de M.E-O parece optar por difundir sus mensajes a través de publicidad pagada. Así presenciamos, como, por diferentes motivos, el discurso político y el debate pluralista, se transforman en pura propaganda.
En la La Nación del día 22, la voz del diputado encuentra lugar en un inserto que dice: “Para ganarle a Piñera en segunda vuelta se requiere de todos nosotros y de un candidato competitivo”. En este inserto se muestra un gráfico que muestra cómo según la CEP, efectivamente Enríquez tendría mucho más posibilidades de ganarle a Piñera en un escenario de segunda vuelta.
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